UN DÍA DESPUÉS DEL FRAUDE

El 4 de junio por la noche nos enteramos que, no obstante el gran esfuerzo desplegado por la ciudadanía del Estado de México para que se verificara un cambio de gobierno en esa Entidad, al final del día se consumaba un fraude más por parte de las instituciones del Estado, designando ganador de la contienda electoral, al priista Alfredo del Mazo.

Esta declaración aún no oficial, del Instituto Electoral del Estado de México, ha provocado en muchas personas un desencanto entendible sobre la fragilidad de la democracia en México. Es como si una loza enorme hubiera caído sobre las espaldas de muchos y su peso fuera imposible de soportar.

Hoy, 5 de junio, se opina en Redes Sociales con un sentimiento de impotencia inocultable; ¿para qué votar, si no sirve de nada? ¿Para qué efectuar elecciones si siempre ganan los mismos? ¿Sirvió de algo el esfuerzo realizado, si al final nos robaron el triunfo? ¿ Funciona la democracia en México?

Es natural que esto suceda, después de un hecho tan lamentable; pero hay que aclarar ciertas cosas: estas elecciones aún no están decididas; falta el resultado oficial de las mismas que debe avalar el INE; falta presentar todas las evidencias de fraude que puedan documentarse; falta llegar a los tribunales para denunciar un fraude tan descarado. Falta un largo camino aún y por lo mismo, esta batalla todavía no se pierde; al contrario, estamos en un momento donde se puede ganar bastante, si no dejamos de ser combativos.

Si la frustración hace presa de nosotros, le estaremos haciendo el juego al sistema, porque como sociedad opositora perdemos fuerza. Actuando unidos la ventaja es nuestra.

¿Nos robaron? Es cierto; pero nosotros conocíamos esta posibilidad, ya que es el arma tradicional del priismo. ¿Sirve votar? Claro que sirve; en cada elección el número de participantes convencidos del cambio aumenta considerablemente. ¿Siempre ganan los mismos? No siempre; en Veracruz se consiguió ganar en Municipios importantes, pese a las malas artes priistas. La CDMX es el ejemplo más claro al respecto; ahí se expulsó al PRI hace muchos años y no hay indicios de que pueda regresar en un futuro inmediato; esto lo consiguió la ciudadanía. ¿Funciona la democracia? Solo si la empujamos entre todos; la democracia es como una carcacha vieja que aún nos traslada de un sitio a otro, pero a la que hay que ir empujando en cada subida, pues de otro modo, no llega a la cima.

La lucha por la democracia es una pelea diaria y difícil en la que resulta necesaria la participación de grandes mayorías para alcanzar el éxito. En el Estado de México la participación en esta elección creció hasta un 53%, que no es malo, pero resulta insuficiente para combatir el fraude institucionalizado. Debemos trabajar más; debemos convencer a más de que la propuesta que plantea la izquierda mexicana es el único camino viable para sacar adelante a nuestro país.

Pese a todo, en estas elecciones pierde irremediablemente el PRI, que se exhibe como una institución corrupta hasta las entrañas, no solo ante los ojos de todos los mexicanos, sino también frente a la opinión pública mundial. Pierde el PRI, porque deja de ser la aplanadora que arrasa y solo mediante el robo descarado conserva el poder. Pierde el PRI porque ya no engaña y ni la televisión, ni la prensa escrita igual de corruptas, pueden ocultar su verdadero rostro.

El triunfo democrático cuesta trabajo y tiene descalabros ocasionales, pero hay que tener presente algunos hechos, cuando las cosas no suceden de inmediato tal y como todos quisiéramos: en cada confrontación, el régimen se desgasta y pierde fuerza; los corruptos se cuentan por miles, pero los ciudadanos honestos somos millones; el priismo es hoy en día como un anciano perverso, lascivo y lleno de enfermedades, que aún se niega a morir; no obstante, tiene los días contados y él lo sabe. Un solo empujón bien puesto y terminaremos con esa vida dañina y ofensiva para los demás.

En estas elecciones no se ha dicho aún la última palabra. Pero si el fraude se consumara una vez más, pongamos desde hoy todo nuestro empeño, para el siguiente enfrentamiento que se dará en el ya muy cercano 2018.

Con ánimo y entereza, somos invencibles. Recordemos esa consigna que nunca puede faltar en toda manifestación que se respete: "La Lucha Sigue"

Perderemos una batalla, pero la guerra, la ganamos porque la ganamos.