Cuentos de un Chairo.- La Operación Polilla.- Malthus Gamba


#LaIVTransformaciónVa



Se sentía bien en la Capital. El sueño de toda periodista de provincia es llegar algún día a esta ciudad y conseguirse un lugar personal que le brinde seguridad y aleje, al mismo tiempo, la necesidad de emprender el regreso al pueblo, derrotada y con los sueños rotos.

La recomendación de su tío le abrió, sino la puerta grande del diario, sí la pequeña rendija que necesitaba para introducirse en un medio difícil, pero atrayente y con enormes posibilidades.

Dos años vividos plenamente, con pocas horas de sueño, trabajo abundante y un sueldo que, si bien no era el que había soñado, resultaba suficiente para solventar sus necesidades básicas.

Había esperado una oportunidad para mostrar su real capacidad y dar el salto definitivo a empresas de mayor envergadura. La sección cultural no era su especialidad, pero fue lo único que encontró a su llegada.

Su trabajo fue bastante aceptable, a decir de sus superiores. No se trataba de efectuar análisis profundos sobre arte, libros o eventos. Solo se requerían comentarios objetivos sobre cualquier asunto relacionado con la cultura. El presupuesto para esta sección era reducido y muchas veces, ni siquiera se asistía a las convocatorias culturales.

Por eso, el anuncio de que la estaban proponiendo para ocupar un puesto de mayor relevancia, la llenó de esperanza y alegría. Era casi un hecho su promoción y solo faltaba la entrevista personal, con el director general del diario. Algo especial estaban preparando, considerando que el director general no tenía la costumbre de asistir a reuniones con el personal de redacción.

Y ahí estaba ella, ataviada con lo mejor que pudo proporcionarle su escuálido guardarropa. Un tanto nerviosa, pero dispuesta a demostrar decisión y firmeza ante el personaje más importante en el Diario. Él entró sin mayor ceremonia y se dirigió de inmediato a su cómodo sillón, después de haber susurrado un "buenos días" protocolario.

Sin levantar la vista de los papeles que se encontraban sobre el escritorio, le hizo saber que el periódico, necesitaba gente joven, reporteros jóvenes, para impulsar un nuevo proyecto de corte político, que alentara la participación e integración del grupo denominado "millennians", en el quehacer nacional. El periodismo, dijo, había olvidado a ese sector y era ya tiempo de hacer algo al respecto.

Se levantó del sillón y hablando más consigo mismo que con quien se encontraba presente, le comunicó que se había pensado en ella, porque eran necesarias voces y rostros jóvenes, que sintonizaran plenamente con ese segmento social tan desconfiado de todo lo que oliera a pasado, a viejo, a tiempo transcurrido. El Diario tenía gente bastante profesional que podía hacer la tarea periodística sin problema, pero desafortunadamente todos tenían trayectorias de años y por lo mismo, no conectaban con los jóvenes.

Ella era una desconocida en el ambiente. Pocos habían leído sus comentarios culturales y por lo mismo, podía encargarse del asunto sin problema alguno.

Se dio cuenta entonces de que no fueron sus méritos los que la llevaron a la nueva encomienda. Se encontraba ahí, en razón de ser una total desconocida para el público.

El director remató diciendo: le vamos a entregar una lista de personajes dedicados a la política y de otros que, de manera secundaria, hablan a menudo de asuntos políticos, a los que deberá seguir en forma permanente para reseñar sus actividades y dar al mismo tiempo un toque juvenil a sus declaraciones. Si ellos hablan de defensa de la democracia, usted vestirá esa declaración con ropajes juveniles, hablando de la importancia que tiene esa posición libertaria, ante la amenaza que representa el gobierno populista de Morena. Si otro personaje declara que hay que defender la libertad de expresión, ante la posición totalitaria del gobierno, usted hablará de la herencia que nos están legando estos grandes personajes, que han luchado por años a favor de los intereses de nuestro pueblo. Todo en un lenguaje juvenil, abierto, con un toque de franqueza que interese a quienes están iniciando su vida ciudadana.

Le acercó uno de los papeles que había tomado del escritorio y concluyó: este es el listado de las personas que debe seguir permanentemente. Cualquier duda, la aclarará con el responsable de su área. Mi secretaria le dará las instrucciones adicionales y le informará del incremento que tendrá su salario. Es todo.

Abandonó el despacho musitando un "gracias" y un "buenas tardes" casi inaudibles.

Efectivamente, el sueldo mejoraba bastante. Pasaba a trabajar a un área más grande, mejor ventilada y donde los gastos de representación y viáticos no eran problema.

El problema era el listado. Ahí había de todo, desde un expresidente, hasta el Gran Intelectual, amigo del difunto Premio Internacional. Tres políticos de administraciones pasadas, un ex rector, una ex primera dama, dos presidentes de partidos de oposición. Pero lo que no encontró por ninguna parte, fue juventud.

Ahora entendía porqué nadie más se había interesado en la vacante. ¿Cómo podían ser atrayentes para un joven, las declaraciones de estos representantes de la política añeja, que había sido derrotada en las elecciones pasadas? ¿Cómo vestir de juventud a quienes estaban por concluir, en forma por demás natural, sus trayectorias personales?

Todos estos personajes tuvieron una vida para construir o reconstruir un México que les fue entregado generacionalmente, hace muchos años. Hoy, después de toda una vida mal administrada y visto el fracaso al que condujeron al país, por su limitado o nulo esfuerzo, se atrevían a dar consejos y a señalar errores a quienes dirigían el cambio o transformación del país en forma positiva. Y aparte, pretendía el periódico que sus vetustos y mentirosos puntos de vista, fueran envueltos con un estilo juvenil y falsamente legítimo.

¿Por qué no le preguntaron de entrada por sus preferencias políticas? Ella se consideraba cien por ciento chaira, aunque eso no influía en su objetividad profesional.

Se dio cuenta de que su carrera, en lugar de subir según sus deseos, podía hundirse definitivamente, si los millennians la identificaban como aliada del añejo régimen. Recordó a su hermana enfermera, dedicada enteramente a la geriatría y sintió pena, no por su hermana, sino por ella misma. Su hermana realizaba un trabajo noble, mientras a ella se le encomendaba una labor despreciable. Mentirle a los jóvenes.

Esa noche pensó tranquilamente en el asunto. No tenía muchas posibilidades disponibles. Regresar a provincia no era opción y cambiar de trabajo tampoco. Los espacios eran pocos y ella no ingresaría en otro sitio, sin las cartas de recomendación que no tenía.

Decidió al fin, hacer lo que se le ordenaba. Seguiría los pasos de todos estos fósiles nacionales y trabajaría las noticias sobre sus declaraciones y eventos, con un tono aparentemente juvenil, pero que dejara ver que lo dicho, provenía de la mente de quienes tenían un pasado inocultable. Un pequeño toque de verdad, casi imperceptible, pero suficiente para recordar la procedencia de estos representantes del neoliberalismo derrotado.

Sonrió satisfecha de su plan y también porque había encontrado el nombre exacto para designar a su futuro trabajo: Operación Polilla.

No le costaría mucho seguir los pasos de quienes queriendo aparentar una juventud inexistente, regaban por todas partes el polvillo que todo mueble viejo deja al cambiar de sitio.


Malthus Gamba