Cuentos de un Chairo.- En la mente de un Rey.- Malthus Gamba



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Que fácil es presentar una carta y pedir en ella que yo, el rey, monarca de una nación con historia de siglos rebosantes de hechos de esplendor y gloria, solicite el perdón de un pueblo que, en otro tiempo, fue súbdito de mi trono.

¿Pedir perdón yo, el rey, por errores cometidos hace tanto tiempo?

Aparecer en los medios de comunicación mundiales, solicitando que la España del pasado sea disculpada, no es algo que pueda pedírsele a un monarca.

Que otros gobiernos lo han hecho recientemente, me dicen. Bueno, eso se entiende. ¿A quién puede importarle la solicitud de perdón, formulada por un simple presidente de la república?

Que su Santidad lo ha tenido que hacer también ¿Y qué? Como ministro de la iglesia, está obligado a mostrarse humilde y poner la otra mejilla permanentemente.

Pero que un monarca, que debe el trono a la voluntad de Dios únicamente, se rebaje a pedir disculpas, es inadmisible. Inadmisible.

Verdad es que el gobierno de este país no pesa ya sobre mis espaldas. Verdad es también, que la responsabilidad hacia mis súbditos se reduce a figurar emblemáticamente, en eventos y festejos de Estado. No es mi voluntad la que reina en mi reino. Soy una figura agotada por los siglos. Una reliquia más, entre las muchas que venera España. Una sombra adelgazada que apena se sostiene en un siglo que poco se ocupa de casas reales y familias de rancio abolengo.

Pero con todo y a pesar de todo, soy el rey. Poco le queda a esta figura del esplendor de otros tiempos. Quizá esté viviendo los últimos momentos de una historia luminosa, donde mi familia fue el eje de un imperio que gobernó con mano fuerte en dos continentes.

Las colonias en la descubierta América, revitalizaron el poder y la riqueza de la casa española.

Y es precisamente una de esas colonias, hoy más pequeña que el virreinato que una vez gobernaron mis antepasados, la que se atreve a solicitarme una disculpa pública, por haber sido conquistados por la España de otro tiempo. Eran un territorio salvaje, al que llevamos un Dios verdadero y el bagaje de la civilización europea. ¿Cómo pueden olvidar ese aspecto tan importante y solo recordar agravios naturales, que se dieron en ese tiempo en todas las colonias dominadas, no nada más por España, sino también por Portugal, Inglaterra, Bélgica y Francia?

El colonialismo fue así y punto. Eran otros tiempos, otras reglas, otros intereses y costumbres. Nadie miraba mal que el costo de la civilización que llevamos a esos territorios abandonados de la mano de Dios, fuera pagado con el dominio absoluto sobre tierras y hombres. Era lo normal entonces.

Reconocimos su independencia en su momento. Firmamos tratados de punto final con este país, me parece que durante el gobierno de un presidente de apellido Santa Anna. ¿No es suficiente todo esto?

Hoy pretenden que nos manifestemos arrepentidos de una situación histórica, que en nada nos afecta en la actualidad. Las relaciones entre nuestros países son normales y fluidas. ¿Para que escarbar en el pasado intentando remediar el presente?

¿Qué hay agravios antiguos que deben arreglarse? No veo cuáles. Efectivamente, la sangre corrió en ese lado del mundo y la riqueza de esas tierras se movió a las arcas del imperio español. Pero así se dieron las cosas en ese entonces. Si España no hubiera sido la primera en llegar a América, seguramente Portugal o Inglaterra lo hubieran hecho unos años después.

Agradecidos deberían estar estos americanos de que fuera España, la responsable de colonizar esas tierras. Los ingleses que llevaron la fe protestante a las colonias norteamericanas, fueron más radicales en su labor de exterminio. Pocos naturales quedaron con vida, después del periodo de colonización efectuado.

Que la carta pase al presidente de gobierno, para que ahí se de respuesta puntual al país mexicano. Es inadmisible que yo, el rey, atienda este tipo de correspondencia. Un monarca recibe invitaciones, felicitaciones, agradecimientos, pero nunca solicitudes insultantes, donde se pretende rebajar la figura real, al nivel de un suplicante.

Solo en la mente de un presidente populista, puede nacer la idea de que los reyes pedimos disculpas, por las decisiones tomadas por la casa real, en algún momento de la Historia. Nosotros gobernamos siempre por designio divino. Nuestros actos responden a la voluntad de Dios.

Solo un... (¿cómo les llaman?) ¡chairo!

Solo un presidente chairo, puede defender este tipo de ideas. Dicen que en ese país hay mínimo treinta millones de ellos.

Habrá que estar alertas. Esa gente intenta no solo cambiar las cosas en su país. Pretende dar lecciones al mundo sobre buena voluntad, honradez y dignidad.

Y un rey está muy por encima de todas esas cosas. El rey no se disculpa, puesto que no hay error en sus actos.

Malthus Gamba