La rosa roja del socialismo: Rosa Luxemburgo


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Rosa Luxemburgo nació Zamosc, Rutenia, 1870. Hija de un comerciante de Varsovia, su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios de esa época en la Polonia ocupada por la Rusia zarista.

Es considerada como la más genial discípula de Carlos Marx, uno de sus lemas favoritos era primero, la acción, rompió con todos los estereotipos de su época. Sufrió una enfermedad de la cadera, mal diagnosticada, que le dejó una leve renguera que dura toda vida.

A los 15 años se integró al movimiento socialista mientras varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, En la escuela era conocida como políticamente activa y se la juzgaba indisciplinada. Era miembro regular de las células del Partido Revolucionario Proletariado. Huyó hacia Zúrich, donde se convierte en dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Se graduó como Doctora en Ciencias Políticas se trasladó a Alemania para integrarse a la Segunda Internacional.

La Revolución de 1905 abrió en torno a la socialdemocracia. En esta cuestión, Rosa Luxemburgo coincidía con Trotsky y Lenin frente a los mencheviques, defendiendo que la clase trabajadora tenía que jugar un papel protagónico en la futura Revolución Rusa, enfrentada a la burguesía liberal.

La agitación contra la Primera Guerra Mundial es un momento crucial en su vida, un combate contra la defección histórica de la socialdemocracia alemana que apoya a su propia burguesía, en contra de los compromisos asumidos por todos los Congresos socialistas internacionales.

En 1916 Rosa Luxemburgo publica "El folleto de Junius", con uma crítica implacable a la socialdemocracia y la necesidad que si no se avanza hacia el socialismo solo queda la barbarie. En mayo de 1916, Spartacus encabeza un mitin del 1 de mayo contra la guerra, donde Liebknecht es arrestado, pero su condena a prisión provoca movilizaciones masivas. Se anuncia un tiempo nuevo.

La revolución rusa de 1917

Luxemburgo escribe que "los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía la socialdemocracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional."

Clara Zetkin, escribió sobre su gran amiga y camarada después de su muerte: "En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha (...) Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional".

El 15 de enero, un grupo de soldados detuvieron a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo en manos de los enfurecidos Freikorps -cuerpo paramilitar de exveteranos del ejército del Kaiser-. Espartaquistas fueron golpeados en la cabeza con la culata de un rifle, arrastrados y rematados a tiros. El cuerpo de Rosa fue tirado al río desde el puente de Landwehr a sus sombrías aguas. Fue encontrado tres meses después.

Rosa escribía un año antes de su muerte Es mi tercera navidad tras las rejas, pero no lo tome a tragedia. Yo estoy tan tranquila y serena como siempre. (...) Ahí estoy yo acostada, quieta y sola, envuelta en estos múltiples paños negros de las tinieblas, del aburrimiento, del cautiverio en invierno (...) y en ese momento late mi corazón con una felicidad interna indefinible y desconocida. (...) Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma: la profunda penumbra de la noche es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla."

Por Ara Téllez

@pinara1