PRD NUNCA ACEPTÓ CRÍTICA.- Cuento con final triste.

Cuando miro atrás y me doy cuenta del paso de todos estos años; de lo mucho que fuimos y de lo poco que hoy nos queda. Un Partido que nació del trabajo, del esfuerzo de muchos, de la sangre de aquellos que defendieron con todo las banderas amarillas. Recuerdo esos actos iniciales con Cárdenas, Heberto Castillo, Muñoz Ledo, Ifigenia, López Obrador y tantos otros que llenaban plazas, convocaban poco a poco a una sociedad dispuesta a sumarse al esfuerzo colectivo que pretendía darle un cambio real al país, orientando los beneficios hacia quienes nunca habían sido preocupación de los gobiernos priistas.

Fueron años de lucha permanente, de enfrentamiento constante contra los intereses locales y nacionales que se resistían a reconocer los espacios políticos que poco a poco íbamos ganando los perredistas. En esa lucha cayó mi hermano, militante en el estado de Oaxaca, de donde somos originarios. ¿Cuántos murieron en esa Entidad, en Guerrero, en Veracruz, incluso aquí en la Ciudad de México, donde radico desde hace un buen tiempo? Fueron tantos que al final se perdió la cuenta, del mismo modo que hemos perdido poco a poco casi todo.

Hoy que somos algo menos que nada, reflexiono sobre las causas que nos llevaron a la extinción casi total; donde a las banderas perredista quieren convertirlas en una mezcla vergonzante de azul y amarillo, con un predominio del azul como fuerza dominante y concluyo que el mal se dio desde el origen. El germen que nos persigue y para el que no hemos encontrado cura, estuvo latente desde el inicio de nuestra vida partidista. Estábamos creciendo es cierto, pero había señales de una malformación que no quisimos atender oportunamente y que con el tiempo se convirtió en dolencia inocultable y más tarde en síntoma de un cáncer que nos aniquiló a menos de 30 años de nuestro nacimiento. Porque ese fue el espacio real de nuestra existencia: una vida de menos de treinta años.

El problema de Las Tribus, del Clientelismo, La Cuotas por Corriente, Los Poderes Locales, lo conocíamos todos, pero pensamos (o nos decían) que con el paso del tiempo, estos malos serían corregidos; que no debíamos cuestionar la decisiones de la dirigencia, porque esto enrarece el proceso; que el militante se hace a un lado para que el proyecto del Partido avance y nosotros, las bases, la militancia, la verdadera savia que daba movimiento y vida al naciente PRD debíamos callar y dejar pasar, aun sabiendo que el error estaba presente. Y callamos.

Después, ya no fueron detalles que parecían oscuros; fue la noche total la que tomó posesión de todo proceso interno dentro del Partido; se perdió el impulso democrático que al inicio era base en nuestra vida institucional; cualquier decisión, se tomaba a nivel cupular; se repartían candidaturas y demás cargos, por mecanismos nunca claros. Las bases seguíamos haciendo el trabajo diario, pero nunca pasamos de espectadores sin voz, ni voto.

El Partido seguía manteniendo presencia, pero era notorio el malestar, la inconformidad y la creciente desilusión de muchos fundadores originales del Partido. Unos fallecieron, como en el caso de Heberto, otros se retiraron como Ifigenia y el Ing. Cárdenas; López Obrador fundó su Movimiento de Regeneración Nacional y con esto, se abrió de golpe la llave, por donde se fue perdiendo la fuerza interna del Partido.

Pero desde antes, como he dicho, el PRD venía sangrando lenta pero consistentemente; la corriente política de "Los Chuchos" dejó pasar varias oportunidades para hacerse con el poder; se fortaleció y esperó paciente su momento y cuando éste llegó, no soltó la dirigencia del Partido, al que terminó de convertir en objeto de intercambio, de alianzas, de venta al mejor postor. Ahí sí que dolió ver cómo se desintegraba lo que había costado tanto trabajo construir.

Los que perdimos familiares en la lucha, no hemos salido del Partido por respeto a ellos; algunos otros tienen motivos personales para no abandonar un barco que se hunde irremediablemente. Los otros que aún quedan, piensan que es posible salvar la membrecía, pactando un poco más con la derecha neoliberal. Las voces que han expresado su rechazo abierto a esta política de Pactos y Acuerdos oscuros no han sido escuchadas; como no se escuchó por décadas cualquier crítica que intentara señalar los males que amenazaban a la democracia dentro de la institución. Siempre fueron tachados como enemigos de la ortodoxia, traidores al Partido, agentes de división, aquellos que se atrevieron a mostrar las fallas o expresar sus ideas en público. Un Partido que no acepta la crítica, que la niega, se condena anticipadamente; pero esto lo entendimos al final desafortunadamente.

Hoy veo a los Morenos felices, arriesgar todo con tal de que su Partido crezca y gane las elecciones en el 2018; los veo valientes enfrentar a la Mafia del Poder con toda la fuerza de que son capaces; los veo llenar plazas y entusiasmar gente, como anteriormente lo hicimos en el PRD; es un tiempo nuevo que ya no pertenece a mi Partido; hoy vamos con vergüenza a eventos y aguantamos que se nos llame "vendidos", traidores o "azules".

Lo más duro para mí, es ver como el pasado también lo perdimos por nuestras culpas y hoy, las victorias que la izquierda ganó con el esfuerzo y la sangre de nuestra militancia, son herencia que pertenece a Morena. Ellos hablan con orgullo del Plantón en Reforma, de la figura ganadora de Andrés Manuel, de la democracia que han defendido. Esas victorias se alcanzaron originalmente con banderas amarillas, a las que daba gusto defender. Ese momento histórico fue amarillo totalmente, pero nuestra siembra, nuestro legado, será cosechado en otro sitio, pues todo lo valioso que nació en el PRD, milita actualmente en Morena.

Escribo esto, porque quiero justificar de alguna forma mi decisión de abandonar al PRD en unos días; no podría unirme a Morena, porque el recuerdo de mi hermano es muy fuerte; él dio su sangre por el Partido y para mí es imposible aceptar otros colores como militante. Pero apoyaré en lo personal a Morena, porque sé que hoy es la verdadera fuerza de la izquierda mexicana. Me alegraré con sus triunfos, porque, de algún modo, son continuación del trabajo que iniciamos las bases del PRD. La Historia nos condena a salir del panorama político sin dignidad como Partido, pero personalmente, cada uno de los perredistas de verdad, tenemos la opción de retirarnos a destiempo quizá, pero con nuestro orgullo intacto y sin mancharnos con el peor de los tratos que planea la dirigencia del Partido, para ser una pobre comparsa del PAN, enfrentando a Morena. Eso no lo puede hacer un perredista honesto. Prefiero salir hoy por una puerta lateral, a salir más tarde por la puerta del fondo, manchado enteramente de vergüenza e indignidad. Es la hora de cerrar la última página de una gran historia. Al menos para mí.