MONTIEL Y LA JORNADA: DOS ESPEJISMOS

La semana pasada, se dieron dos diferentes eventos en Redes Sociales, que tienen que ver con situaciones políticas que causaron revuelo a nivel nacional. La primera de ellas tiene que ver con la supuesta muerte de Arturo Montiel, exgobernador del Estado de México y tío del actual presidente de la República. Con el fin de dar la primicia periodística, algunos medios de comunicación dieron por cierto el fallecimiento de este político, lo cual generó una serie de memes y burlas en redes sociales, donde se festejaba la noticia como si se tratara de un triunfo político sobre los personajes oscuros del priismo. Al final, resultó que el dato era falso, Montiel si se encontraba mal de salud, pero no había muerto.

La segunda noticia de la semana, fue el emplazamiento a huelga, por parte del sindicato de trabajadores del periódico La Jornada; esto, a causa de la inconformidad por parte de la mayoría de los integrantes del mismo, al recorte en beneficios que disfrutan actualmente, tal y como lo propuso la patronal, en vista de que no hay recursos en estos momentos para hacer frente a los pagos que representan todas estas garantías contempladas en el Contrato Colectivo de Trabajo. Era eso, o desaparecer esa fuente de empleo por incosteable. No hubo arreglo y se dio inicio a la huelga, colocando las banderas rojinegras.

¿Cómo reaccionaron las Redes Sociales en ambos casos? En el primero, con alegría, festejando que uno de los verdugos del país falleciera; esto es natural en un país donde las cosas marchan desde hace mucho de mal en peor y donde se sabe que los políticos del PRI, son los principales causantes del padecimiento social. Es normal digo, pero no lo adecuado; tan solo se trata de un instante de júbilo que no marca diferencia alguna. Es como cuando se habla de la renuncia de Peña Nieto como solución válida para lograr un cambio en el país; no es cierto: si mueren cien priistas al mismo tiempo nada cambia en México; si renuncia Peña Nieto y todo su gabinete, tampoco hay cambio en el país; llegarán otros iguales a ellos, también priistas o panistas o amarillos o verdes, que seguirán aplicando el mismo modelo político-económico neoliberal, que tanto nos ha dañado. La lucha no es contra los personajes en particular, la batalla se está dando contra el modelo que aplica la estructura de gobierno y no al revés. Debemos tirar el modelo enfrentando a los personajes, pero teniendo en cuenta que ellos son simples peones que nada valen individualmente. Pelear contra muertos y fantasmas nada produce.

En el segundo caso, las Redes Sociales tomaron partido inmediato a favor de quienes se oponían a la huelga decretada. Esto sucedió porque gran parte de la clase político-cultural del país, vieron en este movimiento una intención oculta del gobierno por cerrar una voz crítica y molesta. Personajes como El Fisgón, Taibo II, Elena Poniatowska y muchos más, cerraron filas con la dirección del Diario y descalificaron a los huelguistas de entrada, reprochándoles ser esquiroles al servicio del sistema. Una Mano Negra estaba detrás de todo esto. De las pocas voces que entendió a los huelguistas en la defensa de su Contrato Colectivo, figuró Gerardo Fernández Noroña; el dijo que se trataba de un desacuerdo contractual y que los huelguistas estaban en todo su derecho de acudir a los Órganos competentes; no tenía por qué desaparecer el periódico, en todo caso podía convertirse en cooperativa, si el laudo resultaba a favor de los demandantes. Pocos entendieron en su momento esta observación y se fueron a la carga con la idea de que algo oscuro preparaba el gobierno en contra de La Jornada. ¿En que terminó todo? En que no había Mano Negra; la Junta Local declaró inexistente la huelga por diversas violaciones al procedimiento establecido; incluso la dirigencia del sindicato puede enfrentar acción penal, por haber colocado banderas y cerrado accesos con candado, no obstante de que en ese momento había personal laborando dentro de la empresa. El gobierno no intervino para nada en el desarrollo de la huelga, o al menos no hay una sola prueba que lo evidencie. Al parecer ya no le interesa tanto acallar voces críticas. Su sistema es otro y mientras no lo entendamos, vamos a seguir persiguiendo fantasmas, tal y como él quiere. Nos desgasta con artificios engañosos, a los cuales nos sumamos inmediatamente y sin efectuar un análisis previo a la acción. Que el ciudadano lo haga en las Redes es entendible, pero que la gente de izquierda, los críticos, analistas, periodistas e intelectuales que defienden el cambio político del país se enganchen tan rápido, es preocupante.

Al gobierno ya no le importan las voces que lo critican; son muchas y no puede suprimirlas a todas. Por eso ha optado por no hacer caso de su existencia y concentrarse en lo que bien sabe hacer: el fraude y la manipulación de los grandes medio de comunicación. Eso le sirvió en el Estado de México y eso es lo que planea implementar a gran escala en el 2018, con la elección presidencial. La gran batalla del pueblo está ahí, tratando de crear y desarrollar alternativas democráticas que den al traste con el fraude; difundiendo información para que el voto en las urnas sea masivo y aplastante; trabajando para que los observadores internacionales sean confiables y estén enterados de la situación nacional desde ahora.

Si la militancia de izquierda se deja empantanar en peleas estériles e improductivas, deja pasar el tiempo y la oportunidad de fortalecer la propuesta de cambio que defiende. Pareciera que los militantes de izquierda, en ocasiones se van con todo, atendiendo la noticia del día y pierden de vista el proyecto político que requiere atención permanente y continuidad; se deja al margen lo importante atendiendo situaciones secundarias y de poca relevancia. Eso es bastante delicado.

La sociedad tiene todo el derecho a comportarse en la forma en que le plazca; el militante no. El tiempo pasa rápido y si no se trabaja a diario en el Programa para el Cambio, poco podremos esperar en el 2018.