Julian Paul Assange


Para mi amiga Vicky


Deberíamos preguntarnos (todos), el por qué después de tanta lucha social, después de tantas vidas sacrificadas para que en nuestro tiempo, viviéramos en un clima de libertad y verdad, concluimos siendo tan dependientes y tan obedientes del imperio norteamericano.

Recuerdo que, en mi infancia, se hablaba mucho en nuestra casa de las luchas que impulsaron y defendieron miles de jóvenes en toda Latinoamérica. Según escuchaba, se trataba de movimientos que intentaron establecer verdaderos gobiernos democráticos en todo el continente. Había que terminar con el periodo de los antiguos dictadores que abrumaba a varias naciones. Se combatió con fuerza, se peleó con entusiasmo y al final, muchos países pasaron de un régimen militar, a otro en donde el ciudadano hacía valer los principios de la democracia.

Los generales incondicionales al imperio americano, fueron desplazados. Desafortunadamente, quienes les siguieron, no cambiaron mucho su relación con el país más poderoso del mundo. Siguieron siendo serviles a los intereses de esta nación, aún a costa de lastimar los proyectos nacionales que pudieran dar un mejor nivel de vida a los ciudadanos.

Es cierto que no es fácil enfrentar a un enemigo histórico tan poderoso, pero existen formas democráticas que permiten mantener la dignidad nacional, a pesar de las presiones foráneas.

Yo escuchaba todo esto y entendía a medias, las razones, motivos y realidades que se dieron durante este periodo. Más adelante, en el colegio, me fue posible comprender con mayor claridad, aspectos relativos a esas luchas sociales. Incluso pude darme cuenta que, dentro del imperio, existieron momentos interesantes, donde los sindicatos y personajes con visión vanguardista, defendieron los derechos de las minorías y pretendieron dar un impulso a la verdadera democracia.

Hay entonces, dentro de las entrañas de ese imperio, gente que no comulga con la política de dominio mundial que pretende el Estado que gobierna.

Todo esto viene a mi memoria recurrentemente. En México, vamos saliendo de un periodo neoliberal entreguista, que puso a disposición de los intereses norteamericanos, gran parte de la riqueza nacional. Estamos intentando implementar un proyecto nacionalista, que defienda, antes que nada, el patrimonio de los mexicanos. Y vamos avanzando en ello. El gobierno del cambio trabaja con dos premisas especiales: cero corrupción y cero impunidad. Nuestra política exterior está regida por los preceptos de no intervención en asuntos de otras naciones y respeto pleno a la autoderteminación de los pueblos.

¿Pero qué sucede en otras naciones? ¿Qué pasa con otros gobiernos que no son capaces de decidir con voluntad propia y actúan en razón de las directrices que les marca el imperio?

Ayer por la mañana, desperté con la noticia de que Julian Assange, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, había sido detenido. El presidente de Ecuador, Lenin Moreno, otorgó el permiso para que la captura, se diera en suelo ecuatoriano. Las embajadas tienen ese estatus político.

¿De qué se acusa a Julian Assange? Quitando todas las faltas menores, que sirven como coartada para su arresto, a Assange se le acusa realmente, de haber mostrado al mundo la cara sucia del imperio. Se le culpa de haber filtrado información real (no datos falsos), sobre la conducta del ejército norteamericano, en su guerra contra el resto del mundo. El video donde queda evidenciado el asesinato de periodistas desarmados, a manos de tropas invasoras en Irak, es elocuente. Vemos la sangre fría con que se mata a civiles desarmados, violando todas las reglas de la guerra y actuando planificadamente para eliminar un objetivo bien identificado. Eso no fue un error. Fue un asesinato a sangre fría.

Assange enfrentará un proceso de extradición y un juicio por conspiración en los Estados Unidos. La acusación va en ese sentido. Delitos informáticos, con fines de conspiración. Puede enfrentar con esto la pena de muerte.

Y yo me pregunto ¿Cuánta presión ejerció el imperio sobre Lenin Moreno, para que traicionara a un ciudadano ecuatoriano?, (Assange tenía esa nacionalidad hasta el 9 de abril pasado). O también ¿Qué tan servil es Lenin Moreno, para atender cualquier petición que le presenta el imperio?

Por la tarde, platicando con algunos amigos, llegamos a la conclusión de que ambas preguntas tienen una respuesta afirmativa. El imperio presiona a los demás gobiernos del mundo, pero vivimos en una época, en que el servilismo es la norma política que siguen muchos funcionarios públicos. Baste recordar a Luis Videgaray, con la expulsión del embajador de Corea, a petición de Donald Trump.

Julian Paul Assange no es un delincuente.

Juliane Assange debe ser visto como un luchador social. Su acto en defensa de la verdad, tiene que ser respaldado en este momento por las sociedades libres en todo el planeta. Me parece que son ellas, las sociedades y no los gobiernos, quienes tienen en sus manos el cambio de mentalidad que requiere el mundo en el que vivimos.

No mentiras. No manipulación y sí libre difusión de la verdad.

A final de cuentas Jualian Paul Assange hizo lo correcto. Evidenciar la mentirosa libertad que maneja el imperio americano. Poner en evidencia sus crímenes de lesa humanidad. Difundir información que se oculta, por no corresponder a la política e intereses del imperio.

Pienso que defender hoy a Assange, es para los mexicanos, una responsabilidad que concuerda con el cambio que llevamos a cabo para impulsar la Cuarta Transformación. En realidad, se trata de la misma lucha.

No habrá verdadera libertad en el mundo, mientras permitamos que quienes enfrentan al poder, sean considerados criminales y quienes realmente lo son, manejen y controles la vida y destino de millones de seres humanos.

En redes sociales hay solicitudes en apoyo a Julian Assange, pidiendo su liberación. Mis amigos y yo firmamos inmediatamente. Ojalá este movimiento se haga viral.

El destino que se cumpla en Julian Paul Assange, será el destino para todo aquel que prefiera la democracia, al imperio. Hay que pensarlo bien y decir de qué parte estamos.


Malthus Gamba