Ciro


#LaIVTransformaciónVa


Lo vi siempre callado. Un niño de esos que están ocupados más en su mundo interior, que en la vida externa. Niño de colonia clasemediera, con aptitudes propias de ese segmento social, donde una educación formal, es posible.

Le gustaban los juegos tranquilos, sin demasiado esfuerzo físico. Su complexión no le ayudaba mucho en ese aspecto. Era más bien debilucho y creo que esa falta de masa muscular y talla, lo empujaron poco a poco, a desarrollar esa especie de resentimiento personal, que lo acompañó el resto de su vida.

Ciro era estudioso. Los libros y la escuela fueron su preocupación durante la infancia y primera juventud. Deseaba destacar en algún campo donde sus cualidades personales fueran apreciadas al máximo. Era inquieto y eligió dos carreras relacionadas con el mundo de la comunicación. Después de concluir esos y otros estudios complementarios, se sintió fuerte y determinó crearse ese futuro de riqueza y de prestigio, donde la felicidad sería su acompañante permanente.

Como he dicho, Ciro manifestaba un resentimiento particular contra la gente en general. Al decir gente, me refiero a la masa social que vemos día a día, transitando por las calles y viviendo precariamente en sus hogares. Es algo muy común en la clase media. Es el miedo natural del que aspira a ser parte de los favorecidos por la riqueza y teme al mismo tiempo la caída, siempre latente, en el mundo de las clases inferiores.

A Ciro lo aterraba la pobreza. Sentía un desprecio íntimo hacía los pobres y procuraba no mezclarse demasiado con aquellos que tenían asegurado un destino gris y una vida sujeta a las carencias.

Con esta visión del mundo social, donde existía un abismo al que se debía evitar, es fácil imaginar el deslumbramiento que provocó en Ciro el lujo y la riqueza. No existe para él algo mejor que la vida regalada que proporcionan las buenas relaciones y el dinero. Y Ciro decidió que ese era su camino y la finalidad de tanto estudio. Los amigos poderosos y los sueldos jugosos, fueron desde entonces su ambición y recompensa.

Cierto que trabajaba mucho. Dio lo mejor de sí en cada puesto en que fue ocupando. Su carrera siempre fue ascendente, puesto que tenía los conocimientos suficientes para desempeñarse bien en cada cargo. Pero había algo en él que jamás pudo superar. Su imagen no era suficientemente grata o atractiva. En la actividad económica donde él se mueve, la imagen es prioritaria. Y eso, no se estudia, ni se compra, ni se vende. Naces con esa gracia especial, o jamás la tienes, por muchos esfuerzos que realices por adaptarla a tu persona.

Ciro es más bien antipático. No sabe sonreír y su risa, cuando llega a usarla, suena a graznido más que a alegría. Tiene el gesto adusto, seco, falto totalmente de gracia natural. Se empeña en parecer amable, pero no logra nunca despertar simpatía. Lo salva el profesionalismo que demuestra su trabajo, pero nunca alcanzará un puesto de primer orden. Ciro lo sabe y eso, contribuye a darle un toque más patético. Amargo es su aspecto natural.

Como sea, Ciro ha sabido forjarse un espacio de gloria. Pequeña, pero gloria, al fin y al cabo. Ahí se siente feliz, o al menos, él cree que eso que vive es la felicidad.

Así ha marchado su vida.

Hay algo que no he dicho sobre Ciro y quiero terminar esta semblanza con esa parte oculta que lo daña y envilece. Su trabajo no bastó para abrirle las puertas necesarias y él lo sabe. Era uno más entre el montón de aspirantes al triunfo y la riqueza. Uno más y solo eso.

La norma en estos casos es renunciar a todo lo que estorba, con tal de conseguir el fin deseado. Ciro no tuvo problema alguno al respecto. Cuando pidieron disciplina, la tuvo. Cuando fue requerida la incondicionalidad, la demostró. Y cuando le requirieron la renuncia a sus principios personales, no tuvo empacho en quitarse de encima, como si de prendas inútiles se tratara, la dignidad, el respeto a uno mismo y el uso de la verdad a lo expresado en palabras.

En Ciro encontraron esa mezcla particular, que nace de ambicionar un lugar, que no es posible conquistar con las herramientas propias del oficio y el desprecio a todo lo que suene o huela a humilde.

Esos individuos, debe hacer uso de las más oscuras capacidades de su persona. Ciro usa cotidianamente la mentira, la falsificación de los hechos, el ataque sin fundamentos, la alteración de los acontecimientos, como elementos de trabajo.

Porque Ciro debe hablar, dirigirse diariamente a un pequeño público desinformado, acostumbrado a las viejas prácticas de control social, donde la información llega cortada en trozos pequeños, condimentada al gusto de quienes tienen el poder político y económico y que, por lo mismo, presentan una realidad de telenovela, a ese pequeño auditorio, que nada reclama y todo lo acepta, sin cuestionar.

Con la llegada de Morena al poder, Ciro ha sido testigo del adelgazamiento progresivo de su pequeña audiencia. Siendo incondicional de los capitales poderosos que pagan por su labor desinformativa, habla mal de toda acción emprendida por el nuevo gobierno. Lo hace así, porque la instrucción que recibe es ésa. Pero, además, su rostro deja ver que cualquier acción relacionada con los que menos tienen, no es de su interés. Su problema ha sido siempre su imagen, que no puede ocultar la molestia interna que lo invade, cuando los beneficios que se otorgan, son para ese sector vulnerable al que tanto desprecia. El pueblo sabio, dice de continuo, con burla.

Su pequeño auditorio se hace cada día más reducido, mientras Morena crece y se consolida como proyecto nacional viable.

Miro a Ciro, ya en el ocaso de su carrera y me doy cuenta que, aunque nos conocemos de siempre, nuestros caminos fueron desde el inicio, muy distintos. Soy igual de viejo que él y, sin embargo, aún me entusiasma este nuevo proyecto de gobierno, encabezado por Andrés Manuel. Aún me sacude la esperanza de un México mejor para todos.

En Ciro veo continuidad, pasividad y servilismo, sin un rumbo honesto que dé sentido a su existencia. Un deseo de mantener privilegios, a costa de lo que sea. Una falta de verdad en lo que dice y en el proyecto de vida que llevó por más de sesenta años.

Y me pregunto al final ¿para eso se preparó tanto? ¿Estará orgulloso de la construcción que hizo a lo largo de su vida?

Probablemente él mismo falsee su verdad, así como intenta corromper la realidad de los sucesos cotidianos. Quizá Ciro habita en una mentira más, ente las muchas que inventó a lo largo de su vida.

Una mentira gris, como gris ha sido su existencia.


Malthus Gamba