CONFESIONES DE UN PRIISTA (Cuento)


Subió al elevador penosamente; la mañana había sido difícil y francamente, a esa hora de la tarde, las piernas ya no respondían como él necesitaba. Lejanos estaban los días en que desde las cinco de la mañana iniciaba sus actividades diarias y no sentía fatiga o dolor a las once o doce de la noche, hora en que regularmente terminaba la jornada acostumbrada.

Eran otros tiempos.

Precisamente esa frase resumía su preocupación, su impotencia y la incertidumbre que lo abrumaba desde hacía varios meses. No solo a él; buena parte de la vieja guardia priista se encontraba en la misma situación. Los tiempos actuales eran malos para todos, exceptuando al pequeño grupo de tecnócratas que habían desplazado a los políticos verdaderos y que apostaban todo al factor financiero, olvidando que el nombre del juego en el que participaban (desastrosamente), se llamaba Política.

Abrió las puertas el elevador y salió como de costumbre, con la mejor de sus sonrisas en el viejo rostro. Saludaba mecánicamente a los demás compañeros de partido; mucho joven, pero también cuadros viejos que sabían acomodarse de cualquier modo a la situación que fuera, por muy desesperada que se presentara.

"Clavillazo" comenzó, como siempre, transmitiendo las nuevas directrices para empujar la campaña del candidato; digo como siempre, porque se había hecho costumbre que hubiera remiendos y cambios a cada paso. Por mucho que se hiciera al respecto, era imposible hacer brillar a un burócrata opaco y sin carisma como el que hoy llevaba el Partido a enfrentar a ese político viejo, de colmillo largo y retorcido que había levantado de la nada el proyecto Morena.

A final de cuentas sabíamos en que consistiría el nuevo giro estratégico: seguir mintiendo. Teníamos que hablar de los beneficios de las reformas estructurales en todo acto público. Como si la gente, a estas alturas del partido no se hubiera dado cuenta que los incrementos en todos los productos y servicios, se debían precisamente a esas reformas. ¿A quién podíamos engañar con este cuento en el que nadie creía? Pero esa era la instrucción de arriba y "Clavillazo" fue muy específico al respecto. El resto de la reunión se dedicó al aspecto económico; eso era lo más fácil. Cada uno sabía lo que tenía que hacer para inyectar dinero a las campañas. Lo habíamos hecho siempre y no era novedad para los asistentes.

Pretexté un compromiso importante y me despedí rápido; no tenía ganas de continuar acompañado por más tiempo. Había en todos nosotros algo que advertíamos de continuo; en algún gesto descuidado y captado al pasar. Atentos a las formas, rápido recomponíamos la figura, al darnos cuenta que podían descubrirnos esa extraña inquietud en el semblante. Esta campaña iniciaba bastante mal y eso era evidente para todos. No había confianza en el futuro; los que podíamos (pocos en realidad) íbamos por el fuero, para protegernos convenientemente ante cualquier eventualidad; la gran mayoría quedaría desamparada si en candidato no despegaba o la estrategia de fraude no funcionaba.

¿Cómo habíamos llegado a tal escenario? Es cierto que este último gobierno entregarba resultados catastróficos, pero algo pasó con nosotros, que no pudimos mantener las formas políticas para contener en mucho la caída del Partido. Lo he pensado bastante y he llegado a la conclusión de que el motivo se reduce a una sola frase: fuimos demasiado cínicos. Los tecnócratas se olvidaron y nos hicieron olvidar que, en política, la forma es el fondo. Fuimos cínicos desde el principio y en todo. Pensamos que, con el triunfo de las reformas aprobadas, teníamos el país en nuestras manos y podíamos actuar impunemente. Siempre lo hemos hecho, pero guardando las apariencias, observando una conducta apegada a ciertas reglas. El descaro de las fortunas formadas de la noche a la mañana, las casas ostentosas fruto de la complicidad, el tráfico de influencias y el favoritismo a empresas amigas, si bien no es cosa nueva, si generó un malestar mayúsculo, al hacerse sin discreción, como presumiendo que estábamos por encima de cualquier Ley.

Ahí se cayó domésticamente nuestro proyecto neoliberal. El descontento generalizado y la aparición de las redes sociales fue demasiado para nosotros; nos han golpeado y debilitado severamente. Somos una sombra de lo que fuimos al principio del sexenio.

Hoy, Morena enarbola las banderas del nacionalismo que fueron nuestras por décadas. Eso es lo triste; ¿qué nos costaba atender un poco la demanda social?; repartir algo de la riqueza nacional para salir de la situación sin demasiado daño; brindar seguridad y paz; al fin y al cabo, las reformas se habían conseguido. Ser menos ostentosos con lo adquirido de manera dudosa; hoy cualquier priista de medio pelo tiene un reloj de más de cien mil pesos y lo luce públicamente, con descaro, como si se tratara de algo conseguido lícitamente.

Los tecnócratas no saben hacer política y nosotros, los verdaderos políticos, nos mantuvimos expectantes, siguiendo la línea de ese pequeño grupo; se olvidaron por completo las formas. Hoy estamos pagando todas las consecuencias de esta complacencia absurda en el error evidente.

La línea que sigue Morena no disgusta del todo al gobierno americano y eso si que es preocupante. El canciller habilitado, sin carrera diplomática, hace malabares y genuflexiones para lograr el apoyo de ese gobierno, pero no se ven resultados positivos en este momento. Si no conseguimos ese visto bueno, el fraude para la siguiente elección peligra. A los gringos no les conviene como vecino, un gobierno carente de total legitimidad. El descontento social es grande y una maniobra descarada que altere a nuestro favor los resultados, sería cuestionable a nivel internacional.

En suma, estamos en un mal momento. Morena representa los valores nacionalistas que reviven a nivel mundial actualmente y nosotros, los priistas, somos representantes de un neoliberalismo sin mucho futuro en el corto plazo. Quizá nuestro tiempo se cumplió. Porque si Morena llega a la presidencia, no será tan fácil sacarla de ahí. Lo del PAN fue otra cosa; una alternancia pactada; esto que se asoma, es totalmente distinto.

Bueno, basta de pensarle tanto: a presumir los "beneficios" de las reformas estructurales; a repartir dinero; a cumplirle al partido para conseguir la pluri que me prometieron. Si hay cambio en la siguiente elección, lo importante en este momento es el fuero. Que el resto del priismo se preocupe de su seguridad y garantías del modo que más les convenga. En este momento el grito de toda la militancia es "acomódese y sálvese el que pueda".

Malthus Gamba