MORENA Y EL DEDAZO

Hace unos días, Morena inició el proceso interno para elegir candidatos que compitan en la Ciudad de México, por la Jefatura de gobierno en el 2018. Como se esperaba, participan internamente por esta candidatura, Claudia Sheinbaum, Martí Batres y Ricardo Monreal, a quienes el Consejo Local de Morena, califica como los tres perfiles mejor posicionados en este momento. De acuerdo a lo que establecen los mecanismos que norman las formas autorizadas para esta designación, es facultad del Consejo Nacional integrar hasta dos candidatos más, para que participen en la encuesta abierta que definirá al ganador de la contienda. Aquí es donde entra en escena un nuevo participante: Mario Delgado.

Si Claudia, Martí y Ricardo tienen una trayectoria amplia y bien reconocida, Mario Delgado no se queda rezagado en lo que respecta a competencia y conocimiento de lo que es la Administración Pública. Mucho de lo que la Ciudad de México logró durante la gestión de Marcelo Ebrard, se debió al trabajo desarrollado por Delgado en diferentes áreas de gobierno (Secretario de las carteras de Educación y de Finanzas).

¿Qué es lo positivo de esta designación? Que Morena abre las posibilidades de concurso a todos los aspirantes con mérito, que quieran participar en la encuesta por el cargo de Jefe de Gobierno; no se descartan opciones por meras formalidades de procedimiento; por el contrario, se da una lectura clara a los lineamientos establecidos, para garantizar el derecho de cada militante. Al final, será la ciudadanía quien decida.

¿Qué fue lo negativo que pudimos observar? Que al interior de Morena aún existen voces que pretenden que la visión del Partido, sea la misma que impera dentro del PRI, PAN, PRD y demás aliados menores; esto es, que se implemente un escalafón interno, donde no sean los méritos personales los que definan a los candidatos del Partido, sino que sea una burocracia cómodamente instalada, la que defina los turnos y personajes que deben competir. A Mario Delgado querían dejarlo fuera, por el simple hecho de que no fue de los primeros cuadros que se integraron a Morena. Querían mandarlo "a la cola" a esperar turno.

Sanamente, Morena demuestra que estas voces con mentalidad retrógrada y formación perredista, no son escuchadas al momento de la acción política, encaminada a la elección de candidatos o mandos internos. El Partido se mostró fuerte y vanguardista, optando por la apertura y la libertad participativa de todos sus integrantes. El escalafón burocrático es un resabio de la vieja visión política de quienes militaron anteriormente en otros institutos políticos, pero que debe quedar necesariamente fuera de Morena. Aquí, los méritos personales y la capacidad demostrada, deben pesar más que la antigüedad y la fecha de afiliación. Bien por Morena en este trabajo de selección.

El Dedazo que deseamos tratar es el que se generó en la Asamblea Nacional del PRI. Ahí se inicia el juego para definir al candidato que competirá, no por ganar la presidencia de la República en el 2018, sino por articular y representar el nuevo fraude que intentará llevar a este personaje al poder, en las elecciones del próximo año. En este remedo de Asamblea con derecho de voz y voto, el dedazo claro fue en favor de la reforma al articulado que limitaba la oportunidad de participación, a los priistas con antigüedad de 10 años o más, militando en las filas del Partido. El escalafón se dejó también en el pasado, pero con una intención que todos conocemos: abrir la oportunidad a José Antonio Meade, para ser elegible por el dedo de Peña Nieto, que todavía no decide hacia quién se inclinará afirmativamente su índice sucesor. Todo apunta hacia Meade, aunque hay que tener en cuenta que quien más protección puede brindar al Presidente de la Corrupción y a todos sus amigos enriquecidos con el erario Público, es Aurelio Nuño, integrante fundamental de esa Mafia del Poder.

En Morena se ha trabajado permanentemente por la limpieza política y la calidad de quienes representan en puestos públicos al Partido. En el PRI, se navega en aguas turbias, para preparar lo necesario para el nuevo fraude monumental en el 2018. Como Instituto Político, el tricolor está acabado; carece de respaldo popular, su compra del voto ya no le alcanza para salir airoso en alguna elección, los medios de comunicación no engañan al ciudadano común. Solo el fraude lo puede mantener en el poder. Meade es el personaje más limpio que puede presentar y con esto queda dicho todo; el autor de los gasolinazos es su mejor carta, ante la falta de perfiles limpios dentro del Partido.

Si Morena crece y da muestras permanentes de ser una opción diferente, el PRI muere en el mismo fango que ha creado por tantos años; esta vez, acompañado por sus incondicionales PAN y PRD. Ojalá y su muerte sea rápida y en el 2018 podamos asistir a sus funerales, todos quienes creemos en la democracia y en el sano ejercicio político.

Mientras Morena va con todo rumbo a las siguientes elecciones, el neoliberalismo muere miserablemente.