SE VA MONREAL.- Gran prueba para Morena


Para muchos militantes y simpatizantes de Morena, la salida de Ricardo Monreal del Partido, significa una ruptura total con todo lo que suene a su proyecto personal y por lo tanto, a su futuro político; representará seguramente a otra fuerza partidista en la contienda del 2018. Nada más lógico que esta inconformidad hacia su persona; una figura de peso que abandona por las causas que sean al Partido, a unos meses de iniciar la campaña electoral del siguiente año, no puede ser vista con agrado por quienes luchan a favor del cambio que propone Morena.

Pero aparte de este natural disgusto, me parece que lo importante en este momento es mirar hacia dentro del Partido y diagnosticar cuál es el efecto que provoca esta salida. Debemos decir claramente que todo lo que suceda en adelante, respecto a la fuerza que adquiera cualquier fuerza que cobije a Monreal, será de algún modo responsabilidad directa de Morena, al no haber sabido procesar correctamente un conflicto interno, que se le fue de las manos, por causas que no están aún del todo claras.

El Partido declara que Monreal no se conformó con el resultado obtenido en el cuestionable proceso de selección de candidato, para coordinar la actividad en la Ciudad de México, rumbo al 2018; esto es, que Monreal es mal perdedor y no quiso reconocer el triunfo alcanzado por Claudia Sheinbaum. Por su parte, Ricardo Monreal reprueba el procedimiento y señala a un grupo cupular, al que nombra reiteradamente Nomenklatura, como el responsable de manipular la encuesta, con la intención de otorgar un triunfo artificial a Sheinbaum.

Esto pasa muy seguido en cualquier elección. Por lo mismo, las estructuras partidistas deben contar con los mecanismos suficientes, para resolver sin mayores daños, cualquier inconformidad o diferencia respecto a la legalidad de cualquier resultado. En Morena no sucedió así; lo que comenzó como una solicitud para la revisión de un proceso, degeneró en la salida de un personaje, que puede complicar mucho la vida al Partido; dará una solides política, a otra fuerza que no contaba hasta hoy, con personajes atractivos para el ciudadano de la Capital.

Hay que recordar que en la Ciudad de México, Morena se está consolidando como primera fuerza representativa, pero que el PRD, aún cuenta con una estructura sólida a la que hay que derrotar. Morena caminaba firme y segura para conseguir este fin; esta fisura innecesaria, que pudo ser prevenida y evitada oportunamente, poco le ayuda para conseguir sus fines. Si Monreal aporta el capital político que tiene, al proyecto PRD-PAN-MC, es probable que no todas las metas que se había fijado Morena se cumplan. Si se pensaba en ir por todas las canicas en 2018, probablemente algunas se queden en otras manos, al final de la elección.

Si Monreal gana o pierde con su salida del Partido en el que militó desde su fundación, es su problema; el tiempo colocará las cosas en su lugar y veremos que tan ciertas o falsas resultaron ser su defensa y estrategia en el enfoque del problema que vivió.

Lo importante en este momento es el Partido; este desgaste inoportuno, innecesario y un tanto oscuro, transmiten al futuro elector señales de cierta debilidad estructural al interior de Morena. Hay dos hechos que apuntalan esta visión: no hubo capacidad suficiente para resolver este problema, sin crearle consecuencias imprevisibles al Partido; la otra es que si de verdad la capacidad existía, pero no se quiso dar marcha atrás a lo ya resuelto, hay verdaderamente un sector cupular en el Partido, que por causas que solo ellos conocen, prefieren sacrificar a una pieza que consideran ajena a sus intereses de grupo, considerando que Morena puede aguantar ese golpe y quizá mucho más.

Sea como sea, quien esté hoy trabajando en favor de Morena, antes que desgastarse atacando a un Monreal que ya está más allá del bien y el mal, en cuanto a la vida interna del Partido, debería tratar de cerrar en lo posible la pequeña grieta que se formó con su salida inminente. Hay que afrontar que algo pasó aquí; algo inesperado y que deja consecuencias, pero también enseñanzas. La claridad es una exigencia ciudadana y una promesa del Partido que no puede pasarse por alto, bajo ningún argumento. La encuesta, fue un ejercicio altamente cuestionado, a partir de la inconformidad de uno de los participantes. Monreal señaló en conjunto a un grupo de control en la dirección del Partido y comenzó a dar nombres. Es necesario dar mayor claridad a la designación de candidatos, para evitar que los verdaderos enemigos del Partido, adquieran ventajas que los mismos morenos ponen en sus manos. Las guerras intestinas solo desgastan a quien las padece y dan fortaleza a los que esperan encontrar puntos vulnerables para atacar con fuerza.

Si lo necesario es ajustar procedimientos, estamos en el momento exacto para hacerlo, sin mayor problema; eso daría una imagen de renovación que mucho serviría a Morena; si existen estos grupos de control que deciden anticipadamente quien va y quien no, en cada selección de candidatos, el problema es más grave y habría que poner orden en casa, para no generar inconformidad en la militancia e inquietud en la base simpatizante con que cuenta el Partido.

Lo único que importa hoy día, es darle fortaleza a Morena y no permitir que este tipo de incidentes, se hagan cotidianos en cada elección interna. Hoy es solo Monreal el que se va y ya se le confrontará con todo, en el momento de la elección. Lo realmente importante es corregir a tiempo, para que el camino que ya inicia rumbo al 2018, esté lo más despejado posible, impidiendo tropiezos con piedras que los mismos integrantes de Morena se ponen en el camino. Eso es lo que hoy tiene relevancia.