MODELO



Atenco, Tlatlaya, Ayotzinapa, Nochixtlán; por nombrar únicamente los actos criminales más representativos en la reciente Historia de este país. Al final, un hilo casi invisible une todos estos sitios - todas estas muertes -, en un tejido común: el Estado Mexicano, como entidad responsable de la seguridad y funcionamiento adecuado de la sociedad del país, se encuentra en crisis. No hay garantías, ni justicia, ni Estado de Derecho. Se muere en cualquier momento dentro del territorio nacional, a manos del crimen organizado, o a manos de las instituciones del gobierno, que en teoría debieran garantizar la integridad de cada ciudadano; se muere por causas oscuras y muchas veces sin causa que lo justifique - daños colaterales se les llama -. No hay oportunidades para miles de jóvenes que se involucran en actividades criminales, a falta de otros espacios. El reclutamiento forzado, por parte del crimen organizado, es común en muchas zonas del país. Se viaja con temor por todo el territorio nacional. El desempleo, la pobreza extrema, el nulo acceso a los servicios de salud, se han incrementado en los últimos sexenios y tienden a agravarse aún más en el corto plazo. Y como único remedio, el gobierno oculta o maquilla datos, para ofrecer una visión amable del México que solo existe en la telecomedia que protagonizan el presidente en turno y su equipo de parásitos; no importa si la bandera que los cobija dice PRI o PAN, o cualquiera otra de sus satélites en turno, la pobre realidad es la misma. Se hacen reformas, se declaran guerras sangrientas al crimen, con miles de muertos y terror creciente; se aprueban nuevas instituciones, igual de inservibles que las anteriores; se formulan decálogos que nunca se cumplen. En fin, se miente; se miente a diario y descaradamente, pensando que el mexicano es dócil, de poca memoria, apocado y manipulable y que al final de cada sexenio, volverá a votar por sus verdugos como lo ha hecho siempre; o que permitirá un fraude más, sin reclamo alguno, aceptando siempre el hecho como algo inevitable, como el destino natural que corresponde a un pueblo sufrido y condenado anticipadamente. Este es el modelo interno que manejan los poderes fácticos - siempre en la sombra, siempre ocultos, pero con el 90% del PIB para ellos solos - y el gobierno en turno, para someter a un México pobre, desculturizado, despolitizado, desesperanzado y cumplir con las políticas públicas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. No es fortuito que nuestro país se encuentre hoy en la situación en que se encuentra; para eso han trabajado el gobierno y los dueños del dinero, desde Miguel de la Madrid, hasta el estúpido que hoy nos gobierna. Han implantado un modelo político-económico que los beneficia solo a ellos y crea una sociedad desarticulada, empobrecida y manejable por lo mismo, que no reclama, que se pierde en los caminos sin encontrar una fórmula que le permita hacer frente común a los verdugos en turno. México está en crisis, claro, pero esto se debe a que el modelo neoliberal funciona y por lo mismo, condena a la gran mayoría de los mexicanos a vivir en pobreza, inseguridad y sin educación - la llave mágica que abre cualquier puerta -, mientras una minoría se reparte o vende la riqueza nacional. Todas las alternativas de cambio que desarrolla el gobierno en turno, todos los ajustes que pretende, son mero maquillaje; al gobierno no le interesa cambiar: le importa permanecer igual, idéntico, sin cambios profundos, siendo la misma gata. Nunca habrá cambio en el país, mientras la sociedad civil no encuentre los canales adecuados para integrarse, unirse y enfrentar conjuntamente a sus verdugos; mientras no entendamos que los conflictos de unos, nos afectan a todos; mientras el interés personal, sea superior al interés colectivo; mientras pensemos que "si no me afecta a mí, no es de mi incumbencia"; mientras dejemos solos a los que luchan y pensemos que sus causas, aunque justas, no son nuestras. El modelo es vulnerable, pero solo en la medida en que no permitamos caer atrapados en sus redes. Informarse, apostar por la cultura y no por televisa y azteca, descreer de los medios oficiales y de los zánganos del periodismo chayotero y confiar más en la información alternativa en redes y medios internacionales, puede ser un buen inicio. Solo un inicio. Pero es la única vía disponible; y cada mexicano debe entender que su granito de arena en esta lucha por el cambio, se vuelve fundamental, cuando va acompañado por millones de granitos iguales al suyo, que forman un muro mucho más sólido al que el demente Trump quiere imponernos. Está próximo el 2018, tiempo de cambio político; hay protestas sociales definidas, como Ayotzinapa, CNTE, Desaparecidos en todo el país, Derechos de Periodistas, Migrantes. ¿Sabremos integrarnos y hacer nuestras sus banderas? ¿ Podremos conjuntar todas ellas en un frente común?. La oportunidad existe siempre, pero hoy es más clara. Ojalá y no se pierda.

MALTHUS GAMBA.


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