OTROS CASOS DE INVASIONES RUSAS


Platicando ayer con mi amigo Malthus, sobre temas de actualidad nacional, nos sorprendió el hecho de que las "intervenciones rusas" en nuestro país, tan de moda en estos momentos, son en realidad mucho más comunes de lo que el ciudadano promedio piensa; de hecho, se trata de acontecimientos que escapan a nuestra atención, por lo reiterado de su presencia. Es casi seguro que la mayoría de nosotros hayamos asistido en alguna ocasión, a uno de estos singulares espectáculos que intentan "salvar" el "orden establecido", cuando alguien considera que existe la posibilidad de que se destruya lo sembrado durante tanto tiempo, poniendo en peligro patrimonio y seguridad de quienes representan a ese viejo orden.

Como prueba de que lo dicho es cierto, Malthus y un servidor decidimos dar cada uno, un testimonio o ejemplo, que corroboren lo expuesto. Son hechos que nos constan de manera personal y por lo mismo, pueden ser verificados por aquellos que duden de nuestros señalamientos.

Sin agregar más, van estas situaciones que mucho tienen que ver con la "amenaza rusa" que hoy vivimos.

Malthus.- LA SEÑORA DE LOS TAMALES

En la esquina que forman las calles de San Antonio Abad y Lorenzo Boturini, en la Colonia Obrera, de la Capital del país, ha puesto por años su puesto de tamales Don Beto, quien, a la fecha, ha de rondar los setenta años de edad. El paso del tiempo se viene reflejando tanto en su persona, como en la calidad de los tamales que vende a diario; inicialmente fueron de una muy buena factura, pero a últimas fechas, algo pasa con su producto que lo hace poco atractivo para el comprador; el sabor se ha perdido y la textura de cada pieza deja mucho que desear.

A dos calles del sitio señalado, se estableció hace cosa de tres meses la Sra. Alicia, mujer de 35 a 37 años de edad. Platicadora, limpia y aseada, le va quitando poco a poco la clientela al envejecido Don Beto, sin que éste pueda competir dignamente, con los tamales de Doña Alicia. Como la ruina de su negocio era amenaza inminente, Don Beto ideó un recurso último, para dar la batalla final. Comenzó a correr el rumor de que, en los tamales de Doña Alicia, aparecían restos de cucarachas. A Don Beto la idea le pareció providencial; si la gente creía que efectivamente algo malo había en la comida de Doña Alicia, no le comprarían en adelante y el recuperaría a su clientela. Lo único malo en todo su plan, fue que ni remotamente se le ocurrió mejorar la calidad de sus tamales. Por algunos días, un pequeño número de personas creyó en la falsedad difundida por Don Beto, pero al ver que la mayoría no tomaba en serio el rumor, regresaron al puesto de la señora y no se acordaron más del antiguo tamalero, quien hoy se encuentra retirado por la falta total de demanda y la mala calidad de su mercancía.

Aquiles.- Un amigo había sido el centro delantero indiscutido en nuestro equipo de futbol; por varios años se mantuvo en la alineación titular y nadie pensó siquiera en competirle el puesto; pero como todo en la vida, las facultades merman al paso del tiempo. La velocidad y reflejos que por años fueron características muy suyas, desaparecieron paulatinamente, no quedando de ellas sino el recuerdo. Había llegado la hora de abandonar dignamente la posición, pero mi amigo no se resignaba a ello. Es por esto que, al ser desplazado del cuadro titular, a raíz de una lesión menor y viendo que el suplente habilitado en su puesto hacía un trabajo de calidad, impidiéndole volver al equipo titular, no obstante estar plenamente restablecido, mi amigo pensó en un plan, que pudiera darle un triunfo final, deshaciéndose de paso del rival recién descubierto.

Sin decirlo él directamente, corrió el rumor de que su reemplazo era afecto al consumo de cocaína y que antes de cada partido, inhalaba su dosis reglamentaria; esto podía traer problemas al equipo.

De entrada, varios de sus compañeros creyeron que se trataba de un hecho cierto. Lo curioso de todo esto es que nadie pudo encontrar elementos reales que validaran el rumor; el muchacho estudiaba y trabajaba al mismo tiempo; su único pasatiempo era el deporte y nada en su conducta corroboraba el infundio que corría. Solo duró unos pocos días la suspicacia que se había creado hacía su persona; la conducta franca y abierta del chico, disipó cualquier duda y el puesto fue suyo en adelante sin discusión alguna. Mi amigo salió pronto del equipo sin pena ni gloria, al conocerse que fue idea suya la falsa noticia que atacaba a su compañero.

Como puede verse, el grito de "Ahí vienen los rusos" es un recurso muy usado en México, cuando algo que es indefendible rectamente, se encuentra en peligro de salir del control de aquel que pensaba que lo tendrían como suyo eternamente. Por regla general, el contrincante que se sabe perdido, antes incluso de conocer resultados, lanza este grito desesperado, con el fin de engañar a quienes pueden alterar la cuenta final, inclinando la balanza a su favor. Pero también es cierto que casi siempre todo queda en eso: un grito que confunde un poco, pero que no convence a nadie a la larga. Es el último llamado de los perdedores antes de la caída definitiva.

Hoy el PRI, ante el fracaso total de su política y el merecido desprecio ciudadano, grita con toda su fuerza "Ahí vienen los Rusos", igual que pudo haber gritado "Ahí vienen las cucarachas" o "Ahí vienen los drogadictos". Gasta recursos del pueblo en una estrategia que no propone algo positivo; su intento es descalificar mentirosamente al adversario (Morena), para que el ciudadano poco informado, vote una vez más por ellos, los culpables del fracaso nacional y el estado de violencia y pobreza que todos vivimos.

Si tú crees que verdaderamente, los rusos quieren algo de México y están aquí escondidos o invisibles (nadie los ha visto), vota por el PRI; definitivamente estás atrapado en su telaraña de mentiras. Si entiendes que lo de los rusos, es el grito de un PRI que se ahoga irremediablemente y aún pretende manotear un poco, piensa en lo que verdaderamente beneficia a México y en la siguiente elección, vota por el cambio y marca Morena.

Aquiles Macías.