PRI Y PAN: SERVILES A TRUMP

¿Qué buscan PRI y PAN, defendiendo con todo a la contra-revolución guarimbera en Venezuela?

¿A qué se debe el desaforado apoyo que el Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, brinda actualmente al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, para intentar derrocar a un gobierno democráticamente constituido, como lo es el de Nicolás Maduro, para llevar al poder en Venezuela a los ultras de derecha Leopoldo López, Enrique Capriles, Tintori, Machado, etc.?

Y por el lado del PAN, ¿qué tienen que ver los expresidentes Fox y Calderón, en esta batalla a la que dedican tiempo, recursos y viajes? Todo para hablarnos de una democracia que no han sabido defender en nuestro territorio.

Hay dos respuestas a este papel de comparsas y serviles lacayos que juegan los políticos de la derecha mexicana. En primer término, la necesidad de confundir al ciudadano mexicano, haciendo ver que los gobiernos que ellos llaman populistas y que en realidad hacen política en favor del pueblo, son un peligro para la democracia de cualquier nación. Para ellos, democracia es sinónimo de corrupción, entreguismo, pasividad política y falta de resultados de carácter social. Democracia es aplicar las políticas neoliberales que condenan al hambre y la pobreza a los ciudadanos de los países que tienen la desgracia de creer y enfrentar ese caduco modelo político económico. El PRI y el PAN son expertos en ese tipo de democracia y por eso su empeño en desvirtuar la imagen de Morena y de Andrés Manuel López Obrador, en la ruta por la presidencia en el 2018.

El camino democrático de Morena es otro; se basa en el respeto y defensa de los valores y patrimonio nacionales; en el combate a la corrupción e impunidad; en servir al pueblo como tarea principal de gobierno y en ejercer una política sólida que permita el crecimiento sostenido de la nación. Ni PRI, ni PAN quieren que el proyecto de Morena triunfe en el 2018, pues eso significaría el fin de la era de corrupción e impunidad que ellos crearon. Su habitad natural es el lodo y pretenden acostumbrar al mexicano del siglo XXI, a sufrir la vida en el mismo fango en que ellos se revuelcan.

Por eso su empeño en comparar permanentemente al gobierno venezolano, con el proyecto de nación que defiende Morena; no hay punto de comparación, son experiencias políticas completamente diferentes; pero la intención del PRI y del PAN es crear la ilusión de semejanza entre ambos ejercicios políticos, para que el mexicano común olvide la historia reciente de priistas y panistas, pensando que Morena sería peor, al frente del gobierno. ¿Pero qué cosa puede ser peor para México que el PRI y el PAN?

La segunda respuesta a la conducta servil de los partidos de la derecha, está relacionada con el apoyo internacional que requieren para intentar ganar las elecciones del 2018. PRI y PAN, saben de su pobre respaldo social en México; no es secreto que no tienen oportunidad de ganar unas elecciones democráticas en este país. Sus únicas alternativas reales, son el fraude y el apoyo norteamericano para conseguir un triunfo y reconocimiento posterior, de parte del gobierno y grupos financieros americanos. A eso le apuestan. Por eso la desesperada batalla del PRI, a través de Luis Videgaray y otros funcionarios del gobierno federal y del PAN, por conducto de los esposos Calderón y Vicente Fox, para intentar entregar la cabeza y el gobierno de Nicolás Maduro, a Donald Trump (PRI) y entidades financieras de orientación demócrata (PAN).

El petróleo y el oro venezolanos, son actualmente una presa que despierta la codicia de gobierno y capitales norteamericanos; en ese sentido hay unidad de criterios para sacar a como dé lugar al actual gobierno venezolano y colocar a los títeres guarimberos que fingen una democracia de estilo neoliberal; es decir una forma de gobierno al más puro estilo PRI o PAN, que entregan petróleo y minería a empresas extranjeras, a cambio de nada.

Habiendo perdido todo vestigio de vergüenza, PRI y PAN se humillan ante los poderes políticos y económicos estadounidenses, en su afán de recibir el visto bueno por parte de ese país. Les urge la renovación del TLCAN, aunque en la negociación, pierda México lo último que le queda en cuanto a garantías sociales y económicas, dejando el campo de intercambio comercial, en las manos de los ávidos intereses americanos.

A todo están dispuestos los partidos de la derecha, con tal de recibir el apoyo americano en la siguiente elección presidencial.

¿Qué podemos hacer al respecto los ciudadanos mexicanos? En primer lugar, manifestar por todos los medios, que repudiamos las maniobras pro imperialistas de los integrantes del PRI y del PAN en contra de un gobierno electo democráticamente, como es el de Venezuela. No es apoyando a grupos golpistas como se defiende la democracia.

En segundo término, desbaratar la estrategia de la derecha mexicana, ayudando a la implementación de mecanismos alternos de vigilancia electoral, que impidan el fraude en el 2018; no vamos a esperar de brazos cruzados, a que repitan las mismas acciones fraudulentas que se vivieron en el Estado de México, en los comicios pasados. Respaldar a Morena en las acciones cívicas y políticas que se dispongan para tal fin, es una de las asignaciones que deberemos afrontar quienes luchamos por un cambio verdadero en el país.

Por último, estar atentos al desarrollo y negociación del TLCAN, a verificarse en los próximos meses; no permitamos que la discusión se realice en lo oscurito; de este Tratado (que debiera cancelarse en el mejor de los casos), dependerá en mucho el tipo de empleos y la calidad de nuestro intercambio comercial en el futuro. El gobierno americano quiere todas las ventajas para su país; nuestro gobierno quiere otorgarlas, a cambio del apoyo estadounidense para que se verifique y valide el fraude electoral, ya sea a favor del PRI o del PAN. El Partido más rastrero, más servil, más indigno, será el que triunfe esta carrera, en donde los únicos ganadores, serán los intereses americanos. A eso juegan PRI y PAN actualmente. No permitamos que el lodo de esta derecha vende patrias nos salpique en su ruta a la ignominia.