DETENER EL FRAUDE EN EL 2018.- Pero ¿Cómo?


Estamos a menos de un año de que se verifiquen las elecciones más importantes para el país, en los últimos tiempos. Elecciones en la que estarán en disputa, aparte de la presidencia de la república, un número importante de gubernaturas, escaños en el Congreso de la Unión y puestos estatales y municipales, en una misma convocatoria ciudadana, que definirá por varias décadas, el rumbo que tome el país en adelante.

Hemos sido testigos, a raíz de los pasados comicios en el Estado de México, que al sistema político-económico neoliberal, no le interesa apostar por el triunfo legítimo de sus partidos (llámense estos PRI, PAN, PRD, o cualquiera otra bandera oficial o independiente que apueste por la continuidad del modelo), sino que apuesta por conseguir sus propósitos vía fraude electoral, sin importar en absoluto la voluntad del pueblo. Flagrantemente se violó el deseo del ciudadano en esta Entidad, al otorgar inmerecidamente el triunfo al priista del Mazo, no obstante que el deseo de la ciudadanía se inclinó evidentemente por la candidata de Morena, Delfina Gómez.

¿Qué sucedió después del delito electoral que validaron tanto los Institutos Electorales y Tribunales Locales y Federales? Nada; el fraude se consumó tal y como lo habían planeado las derechas nacional e internacional, que se empeñan en mantener un modelo fracasado que solo ha dejado pobreza y miseria al país. Modelo que beneficia a los grandes capitales nacionales y foráneos, quienes se enriquecen obscenamente mientras el resto de los mexicanos sufren carencias en todos sentidos.

El triunfo en el Estado de México se trabajó y consiguió a conciencia, pero no pudo ser defendido eficazmente ante la corrupta estructura de poder nacional. Lo único que quedó claro es que el árbitro electoral es tan corrupto como los partidos políticos neoliberales, pues sus dirigentes, en los diferentes órganos de actividad, son serviles e incondicionales empleados del poder económico del país; podrán no tener filiación política, pero responden a los mismos intereses del grupo que domina la actividad económico-financiera de la nación.

Hoy, después del terremoto del 19 de septiembre pasado, hemos sido testigos de cómo el gobierno priista se apodera de los recursos materiales y financieros aportados por la sociedad del país, así como por personalidades y gobiernos de otras naciones, para contar con los recursos suficientes que le permitan implementar su nueva estrategia de fraude en el año venidero. Las comunidades afectadas por los sismos de este año, siguen sin recibir la atención urgente que requieren, mientras los más oscuros personajes de nuestra política (Graco Ramírez y Rosario Robles, por citar a dos como ejemplos), consolidan los fondos electorales, al servicio del poder neoliberal, desviando o sustrayendo recursos que fueron donados para atender a las víctimas de estas catástrofes.

Todos los cargos públicos importantes para fines electorales, han sido otorgados a personajes afines al proyecto neoliberal. Sucede lo mismo con los tribunales del Poder Judicial, encargados de atender las irregularidades resultantes en cada elección; todos responden a las directrices señaladas por el sistema político que gobierna en este momento.

Aunque la mayor parte de nuestra sociedad, está cansada de la tecnocracia del PRI y del PAN, que han gobernado a nuestra nación en los últimos sexenios; aunque lo más seguro es que el voto de castigo y rechazo, dé el triunfo a una fuerza política diferente a las señaladas, ¿cómo impedir que el fraude neoliberal se consume nuevamente? ¿Qué herramientas se están trabajando para no permitir que la historia en el Estado de México se repita a futuro a nivel nacional?

Al parecer, no existe una estrategia integral que se esté desarrollando al respecto y eso que los tiempos electorales iniciaron desde fines de septiembre pasado. Se podrá decir que a nivel de Partido Político, Morena está intentando incrementar su base de afiliados y de comités para la vigilancia y defensa de los triunfos conseguidos en las urnas. Esto es importante, pero no suficiente. Sin la participación de la sociedad en su conjunto, bajo un esquema bien definido de "no al fraude", será imposible arrebatarle el poder al sistema gobernante, no obstante la voluntad popular, reflejada en urnas. Es casi seguro que la derecha perderá las siguientes elecciones; el malestar social es mayúsculo. Lo que falta por definir es esa estrategia fundamental, para impedir que el recurso del fraude gane nuevamente después de la elección, en favor de quienes controlan el poder político y financiero.

Si en los próximos meses no se ve un proyecto para la defensa del voto que involucre no solo militancia, sino sociedad civil libre y sin color partidista, que simpatiza con la idea de "Cambio de Proyecto Nacional", difícilmente escribiremos una página distinta a la que hemos vivido en el pasado, donde los fraudes que empoderan a políticos espurios, es regla general. O ganamos todos unidos, o perdemos todos como mexicanos. La defensa del voto nos compete a todos y no hace falta ser parte integrante de una fuerza política, para salir el día de los comicios a votar y defender las urnas y verificar después que el proceso de cómputo opere con claridad y limpieza. Se necesita estructurar ese mecanismo de vigilancia permanente y darlo a conocer al ciudadano, con el tiempo suficiente para que su correcta operación sea posible. Ese Proyecto participativo está pendiente y será vital en 2018.